Debajo de la corteza, entre la madera y la cáscara, hay una franja delgadísima de tejido vivo: el cámbium. Es la única parte que puede fabricar tejido nuevo y soldar dos plantas.
Para que la púa y el patrón se unan, el cámbium de una tiene que quedar pegado al cámbium de la otra. Si entre las dos caras queda aire, el injerto se seca antes de soldar. Por eso un corte astillado falla aunque el amarre esté perfecto.
Esta tijera resuelve exactamente ese punto: la cuchilla corta la rama patrón con una forma y la púa con la forma opuesta. Al encajarlas quedan trabadas y en contacto a lo largo de todo el corte, no solo en un punto.
Y como el corte lo hace la máquina y no tu muñeca, el número veinte sale igual al primero.