Los hilos por pulgada cuadrada son, literalmente, cuántos hilos caben en el mismo espacio de tela. Mientras más hilos, más fino tiene que ser cada uno y más cerrado queda el tejido. Por eso una tela de 600 hilos se siente densa y lisa, y a la vez fresca.
El nuestro no es liso del todo: lleva un jacquard de llave griega tono sobre tono. El dibujo no está impreso ni bordado — está tejido, en el mismo color de la tela. Se ve cuando la luz cae de lado y se siente con la yema del dedo.
Ese tejido cerrado es también el que hace que no se motosee: las bolitas salen cuando las fibras cortas se sueltan, y aquí quedan atrapadas en la trama.
Y trae planchado permanente. La tela se trata para conservar la forma, así que sale de la lavadora casi sin arrugas y se tiende sin pasarle plancha.